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martes, 25 de junio de 2013

Cuando las claúsulas suelo eran consideradas una buena práxis... (María Jesús Pérez - ABC.es - 25/6/13)

En medio de una recesión profunda que ya dura seis trimestres, y tras cuatro años de crisis global, los bajísimos niveles del Euribor -índice de referencia para la mayoría de las hipotecas españolas que ha retrocedido desde el máximo alcanzado en ocho años en el 5,323% de agosto de 2008 hasta el nivel actual, 0,496%- ha supuesto un alivio para millones de hipotecados en España, que han dejado de soportar cuotas mensuales inasumibles para los tiempos que corren, una factura que se les ha ido recortando paulatinamente por la caída en picado de los tipos en los últimos años.
Ahora bien, no es así en todos los casos, ya que una parte de la cartera hipotecaria, que fue contratada en los tiempos en los que los tipos de interés y el Euribor estaban mucho más altos, cuentan con la llamada «claúsula suelo». Una claúsula que el banco puede incluir en la hipoteca a la hora de su firma y que establece el tipo de interés mínimo que el cliente pagará aunque el Euribor esté por debajo.

Hoy, el Euribor ha caído por debajo ya del 0,50%, mientras que la cláusula media está en el 3,12%. Por lo tanto, una hipoteca con ese límite sigue pagando ese tipo a pesar de que el Euribor esté más bajo, lo que no permite al deudor beneficiarse de la bajada de ese índice. Del lado contrario, en caso de que el Euribor iniciase una senda alcista, el tipo de interés que el hipotecado debe abonar a su entidad financiera también se incrementa (claúsula techo), lo que evita que el deudor tenga que pagar un fuerte interés si el Euríbor se dispara.
El caso es que cuando se puso en marcha la posibilidad de incluir esta claúsula en las hipotecas, nada hacía pensar que los tipos cayeran a los niveles actuales. Las asociaciones de consumidores empezaron a denunciar que muchos clientes desconocían la existencia del suelo en sus hipotecas. Varias sentencias les han dado la razón, por considerarlas abusivas. Pero no siempre.
De hecho, era, y es, una práctica totalmente legal, incluso recomendada por el propio Banco de España y por diversas comunidades de expertos, que así lo aconsejaron en su momento. Desde el punto de vista de la gestión financiera, el establecimiento de un suelo ha merecido todos los elogios de analistas, que recuerdan que «protege el margen financiero en periodos de tipos bajos como los actuales». En la actualidad, se suma el problema de que a la banca le cuesta muchísimo financiarse en los mercados, por lo que puede encontrarse con que su cartera le produce rendimientos negativos.
El caso es que la banca española se siente contrariada por el hecho de que ahora desde todos los frentes les lluevan las críticas cuando en su momento fue considerada por muchos como «adecuada». Facilitaba el acceso al cliente a hipotecas más baratas, referenciadas a interés variable no fijo, y suponía prudencia para el gestor bancario que no perdería más de lo que le cuesta prestar una cantidad de dinero. «Esta claúsula es una manera tanto para proteger al cliente con créditos a largo plazo, cuando los tipos suban, como para que la cuenta de resultados de las entidades no se vean perjudicadas si los tipos caen por debajo de ese nivel, porque no se podrían sustentar por ejemplo los depósitos», asegura un experto financiero.
La banca española insiste en recordar que la reciente sentencia del Tribunal Supremo sobre las cláusulas suelo no las declara ilegales. Y defienden incluso que tienen su utilidad para evitar que la cuota hipotecaria se vea afectada por la volatilidad de los tipos de interés. «No se ha valorado, ni por parte del Tribunal ni por la sociedad, que es un mecanismo para evitar una vulnerabilidad indeseada de los tipos de interés», explica el presidente de la Asociación Española de Banca, Miguel Martín. «Es un producto claramente beneficioso para la sociedad, para el prestatario, para la estabilidad financiera y para todos», dice.
Y es que ya al principio de la crisis el Senado encargó al Banco de España un informe sobre las cláusulas. El documento final del supervisor, publicado en 2010, defendía esa teoría. «Lo que dice el Supremo no es que la cláusula suelo sea mala, sino que su comercialización fue mala. No sé como un producto que es positivo se ha convertido en un producto tóxico», lamenta Martín, recordando que el fallo del Alto Tribunal anuló sólo las cláusulas suelo que incluían BBVA, Novagalicia y Cajamar en los casos en que no se informó adecuada y claramente de su existencia al cliente.
Y es que hace años, a la hora de acordar prestamos hipotecarios era frecuente pactar una cláusula suelo -que habitualmente se ubicaba entre un 2% y un 3% más el diferencial- añadida a las condiciones, para limitar el interés mínimo a pagar por el prestatario ante una eventual caída del índice de referencia, y a cambio de establecer también un tope máximo. Esta práctica fue abandonada a partir de una resolución del Juzgado de lo Mercantil número 2 de Sevilla, del 30 de septiembre del 2010. La sentencia declaraba nula, por primera vez, la cláusula suelo, lo que hizo que muchas entidades financieras la expulsaran de los contratos. Pero no todas.

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