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lunes, 24 de febrero de 2014

Dime qué letra tienes y te diré cuánto gastas en tu recibo (Juanjo Bueno - El Mundo - 21/02/2014)

Casi la mitad de la energía que gastan las familias españolas está destinada a calentar y refrigerar sus hogares, según el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE). Esta situación, que varía dependiendo de la zonas geográficas, se hace ahora más evidente con el certificado de eficiencia energética, documento que califica una vivienda, local o edificio según la calidad de su envolvente y sus instalaciones, lo que, a la postre, se traduce en euros gastados al año en calefacción, refrigeración y agua caliente.
Una vivienda de aproximadamente 70 metros cuadrados con calificación energética E, la más abundante en España, tiene un gasto cercano a los 735 euros al año en calefacción, refrigeración y agua caliente, según el Ecobservatorio, la plataforma on line creada por la compañía Certicalia, encargada de procesar los datos recogidos en los más de 6.000 certificados energéticos realizados en toda España.
Para las viviendas o locales con letra B, el gasto se reduce hasta los 282 euros anuales, mientras que los de la C llegan a 360 euros; a 464 los de la D y a 1.021 los de de la F. Por último, aquellas con calificación G consumen hasta 1.535 euros.

Reparto de consumos

"Del gasto energético total destinado a la climatización de una vivienda, el 69% corresponde a calefacción, el 20% a calentar agua y el 11% a refrigeración", corrobora Inés García, de Certicalia. A tenor de estos porcentajes, un propietario de un inmueble de 70 metros cuadrados y calificación E gasta 506 euros al año en calefacción, 150 euros en agua caliente y 82 euros en refrigeración.
No obstante, el consumo energético de una vivienda es muy diferente según la zona geográfica donde ésta se encuentre, debido a las condiciones climáticas. El Ecobservatorio indica que las comunidades con más consumo de calefacción son Castilla y León y Navarra. En el extremo opuesto se encuentran Andalucía y Canarias, con hogares con un gasto en calefacción por debajo de la media nacional. En cuanto a refrigeración, son Canarias y la Comunidad Valenciana las comunidades que más utilizan el aire acondicionado.
De cara a la rehabilitación y a las mejoras destinadas a un mayor rendimiento energético, en las viviendas de Castilla y León y Navarra habría que incidir en el aislamiento de la envolvente y en el rendimiento de las instalaciones de calefacción, aconseja el Ecobservatorio. En Canarias o la Comunidad Valenciana, "sería interesante rehabilitar pensando en la protección del sol, con orientaciones favorables y ventilaciones cruzadas", dice García.
Eduardo Perero, vicepresidente de la Asociación de Ciencias Ambientales (ACA), considera que las medidas de mejora deben ir enfocadas a los cambios de instalaciones en calefacción, "que requieren generalmente una inversión menor y un retorno más corto". "Ahora bien", añade, "los cambios de la envolvente permiten alcanzar consumos mucho menores y son, por regla general, más eficientes". "Si bien es cierto", matiza Perero, "que estos demandan una inversión mayor y su retorno económico es más lejano, además de las dificultades técnicas que en ocasiones presentan".

Diferentes lecturas

Pese a la información de valor que recibe el potencial inquilino o propietario, resumida en la etiqueta energética, identificada por un código de colores y letras, que va desde la A (más eficiente) a la G (menos eficiente), similar a la de los electrodomésticos, "todavía se necesita mucha pedagogía para que el ciudadano sepa interpretar los datos", apunta Alberto Coloma, gerente de la Fundación La Casa que Ahorra. Y es que la etiqueta no sólo muestra un valor en forma de letra sino que indica dos datos importantes: uno de emisiones de CO², expresada en kilogramo de CO²/m² año, y otra de consumo de energía expresado en kWh/m² año. De esta forma, cada letra no implica un único valor, sino que alcanza un rango de valores.
"Creo que la información numérica no es comprensible para el ciudadano medio", recalca Coloma. Y lo justifica: "El dato de emisiones de CO² no le va a decir nada al propietario y el de consumo, expresado en kWh/m² año, difícilmente puede darle una idea de la importancia de la factura energética que tendrá que soportar". No obstante, y aunque la comprensión se limita a la letra, "puede servir para estimular su concienciación sobre el elevado consumo energético de su vivienda y las posibilidades de mejora que tiene".
También hay que tener en cuenta que existen diferencias de lecturas energéticas entre viviendas con una misma letra. La calificación señala un rango de consumo medio potencial, "pero es el comportamiento y el uso de los habitantes de una vivienda lo que marca que el consumo sea mayor o menor", asegura Perero.

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